Después del verano llegan el viento, la lluvia y las noches más largas: justo cuando una avería deja de ser una molestia pequeña.
Durante el verano muchas persianas pasan semanas funcionando a medias: se bajan para proteger del sol, se dejan en una posición intermedia o simplemente se utilizan menos. El problema aparece cuando cambia el tiempo y necesitamos volver a cerrarlas correctamente.
El otoño deja al descubierto los pequeños fallos
Una cinta que estaba desgastada puede romperse. Una lama deformada puede terminar atascándose. Una guía con holgura puede empezar a golpear cuando aumenta el viento.
Son problemas que quizá llevaban meses presentes, pero que se vuelven mucho más molestos cuando las noches son más largas y queremos cerrar completamente la vivienda.
¿Qué conviene revisar?
El estado de la cinta, el movimiento del paño, las guías, los topes y el cajón. Si la persiana es motorizada, también conviene observar si el motor hace esfuerzos extraños, se detiene o ha perdido suavidad.
Una reparación temprana suele ser más sencilla
Actuar cuando aparecen los primeros síntomas puede evitar que una pieza deteriorada termine dañando otras partes del sistema.
En Persianas Tosa reparamos persianas en Barcelona y alrededores y comprobamos qué está provocando el fallo antes de sustituir componentes.
Porque el mejor momento para reparar una persiana no es cuando se ha quedado bloqueada. Es cuando todavía funciona, pero ya está avisando de que algo no va bien.
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